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¿Es eficiente el sistema de pensiones chileno? Sí, pero…

¿Es eficiente el sistema de pensiones chileno? Sí, pero… (capítulo 1) En una serie de 4 entregas, demostraré (con números) que el sistema de pensiones es eficiente (es capaz de lograr los resultados deseados con el mínimo de recursos disponibles) aunque no eficaz (no es capaz de lograr el efecto que se desea o espera de la política institucional). Discutir los resultados -y su impacto en las pensiones de nuestros seres queridos- ha sido, desde su origen, un coliseo de pasiones intensas y juicios entusiasmados. ¿Y si empezamos por lo básico? Invito volver al ágora. Propongo, prima facie, entender las características del Sistema de Capitalización Individual Chileno de Pensiones. CAPÍTULO I: CARACTERÍSTICAS DEL SISTEMALa reforma del sistema de pensiones chileno en 1982 fue el primer caso en el mundo de un sistema de seguridad social de jubilación de reparto colectivo, beneficio definido y administración pública que se convirtió en un sistema de cuentas individuales de contribución definida obligatoria, gestionadas por corporaciones privadas con ánimo de lucro y dedicación exclusiva, llamadas Administradoras de Fondos de Pensiones o, de forma abreviada, AFP (Borzutzky, 2003; Buchholz, Coustasse, Silva & Hilsenrath; 2008; Corbo & Schmidt-Hebbel, 2003). La explicación se basa en una confluencia de factores políticos y sociales únicos e irrepetibles, tales como ajustes macroeconómicos estructurales, recomposición de sectores productivos y reformas de regulación laboral y financiera (Mesa-Lago & Márquez, 2007). De ahí que se vincule la citada reforma a múltiples externalidades positivas, tales como aumento del PIB nominal, uso más eficiente del presupuesto público, mejoras en la productividad total de factores, incremento del empleo formal y contracción del empleo informal, profundización del mercado de capitales e impacto global sobre el desarrollo económico a largo plazo (Madrid, 2002; Corbo & Schmidt-Hebbel, 2003. Para una visión más escéptica, véase Lindbeck & Persson, 2003; Barr & Diamond, 2006). En consecuencia, el nuevo objetivo social del esquema de capitalización individual es contribuir a la estabilización del consumo inter-temporal del individuo ex post a la vida laboral del trabajador (Gill & Yermo, 2005; Barr & Diamond, 2006), el cual se efectúa mediante el otorgamiento de prestaciones económicas periódicas llamadas pensiones, que son canceladas directamente al afiliado, cuyas variables relevantes para su cálculo son, a saber (Barr & Diamond, 2006): i) monto acumulado a la fecha del retiro laboral;ii) tasas de rentabilidad generada por el Fondo de Pensión (más intereses y dividendos devengados);iii) porcentaje de ahorro promedio sobre el salario real neto;iv) densidad de cotización (vs. lagunas previsionales);v) restricción presupuestaria inter-temporal del trabajador; yvi) esperanza de vida por sexo. Según la revisión bibliográfica, la implementación de un sistema de capitalización individual es difícil porque los trabajadores se encuentran con una serie de retos que obstaculizan el ahorro óptimo a largo plazo, a saber (Packard, 2002; BID, 2013; BID, 2016): i) factores psicológicos que afectan la toma de decisiones, i.e. miopía, inercia, procrastinación, analfabetismo financiero e inclusive, falta de confianza en el sistema financiero;ii) falta de información sobre funcionamiento del sistema, i.e. poco y/o nulo conocimiento acerca de cómo se calcula una pensión o los requisitos para obtenerla;iii) preferencia por consumo presente, i.e. compra de bienes fungibles, inversión en educación o en bienes raíces;iv) restricción de crédito, liquidez y/o endeudamiento para ahorro inter-temporal;v) baja valoración al ahorro a largo plazo, sobre todo en grupos de renta baja. Por tales razones, los trabajadores están legalmente obligados a trasladar el 10% [1] de su consumo presente neto en forma de ahorro a consumo futuro con el objeto de cubrir tres riesgos en específico, a saber (Barr & Diamond, 2006): i) abandono formal de la actividad profesional;ii) probabilidad de invalidez total o parcial y/o;iii) muerte del trabajador. Aunque Holzmann & Hinz (2005) argumentan que un esquema de capitalización individual, contribución definida y administración privada es lo más cercano a un sistema actuarialmente justo, éste enfrenta algunos tipos de riesgos, tales como (Barr, 2000; Yermo, 2002): i) riesgo laboral (disminución del nivel de salario, aumento de períodos de desempleo y/o aumento de probabilidad de tránsito entre formalidad e informalidad laboral);ii) riesgo financiero (aumento de la volatilidad de la inversión y/o aumento de la incertidumbre sobre la rentabilidad esperada del Fondo de Pensión);iii) riesgo de longevidad (incertidumbre que rodea al período total de jubilación como consecuencia de un aumento de las expectativas de años de vida); yiv) riesgo de agencia (riesgo derivado de la gestión privada del Fondo de Pensiones a causa de problemas de agencia, i.e. apropiación indebida de activos, fraude financiero, conflicto de intereses, transacciones entre partes relacionadas o negligencia administrativa, entre otros). Desde el punto de vista de vida institucional de la política pública, inicialmente existía un solo tipo de Fondo de Pensión, por lo que la estrategia de inversión entre las diversas AFP, a nivel general, era muy similar. En el año 2000, la autoridad gubernamental permitió a las AFP manejar un segundo fondo (denominado Fondo Tipo II), el cual contenía mayoritariamente instrumentos de renta fija. Su finalidad fue permitir a aquellos afiliados cercanos a la edad de jubilación traspasar sus cotizaciones a ese fondo a modo de reducir el riesgo de potenciales pérdidas inesperadas de capital. Luego, en el año 2002, la autoridad amplió el número de fondos de dos (Fondos Tipo I y Fondo Tipo II) a cinco, llamados A, B, C (ex Fondo único, ex Fondo Tipo I), D y E (ex Fondo Tipo II). El objeto del cambio es permitir una mayor variedad de alternativas de inversión de los cotizantes, cada uno con un nivel de riesgo y rentabilidad asociado. Por consiguiente, las carteras de inversión sólo se pueden conformar con los siguientes instrumentos financieros: i) sector estatal (Banco Central de Chile, TGR, Bonos de Reconocimiento, MINVU);ii) sector financiero (letras hipotecarias, depósitos a plazo, forwards, acciones y bonos de instituciones financieras;iii) sector empresas (acciones, bonos, cuotas de fondos de inversión); yiv) sector extranjero (fondos mutuos y acciones, IIE, instrumentos de deuda, forwards, otros). En suma, la diferencia fundamental entre los diferentes Fondos es la proporción que mantienen en cada uno de tales instrumentos. Berstein, Fuentes & Villatoro

Halloween: horror en hospitales o cuando el bisturí no es tu peor enemigo

Halloween: horror en hospitales o cuando el bisturí no es tu peor enemigo MÁS COLUMNAS DE JORGE MALTRAIN Los hospitales (especialmente uno como el HosMet) son lugares donde puedes sentirte seguro, donde un grupo humano cuidará de ti y hará todos los esfuerzos para que te vayas a casa mejor que como llegaste… o así es como lo vemos nosotros, porque los directores de cine suelen tener una visión muy distinta. Así, entre batas blancas, luces frías, camillas vacías y gel antibacterial, cualquier espectador habitual de sus películas entiende que si te hirieron en extrañas condiciones y llegas a un hospital… será mejor que vayas llenando tu testamento. O, peor aún, capaz que vivas para contarlo, con todas las consecuencias del caso. En este especial de Halloween, te invitaré a hacer un recorrido por algunas películas de terror que han hecho de un nosocomio su quirófano del espanto y su pabellón del pánico. Ponte cómodo, ajusta el suero y, antes de seguir adelante, no te olvides de firmar el consentimiento informado…. no respondo por efectos colaterales. ¿POR QUÉ UN HOSPITAL METE MIEDO?Antes de entrar en materia, hagamos una breve disección. ¿Qué tienen los hospitales que los vuelve escenarios perfectos para el horror? Veamos… ¿Gente dormida o sedada? Un blanco fácil para un demonio aburrido y con ganas de poseer a alguien. ¿Pasillos largos y con la típica luz que parpadea? El escenario ideal para que un niño sin párpados se te quede mirando fijo desde la otra punta. ¿Monitores que suenan sin parar? El verdadero terror es cuando dejan de hacerlo… ¿Personal que trabaja en turnos de 24 horas sin dormir? Algo que, en sí mismo, suena más escalofriante que cualquier zombi con los ojos llenos de pus. ¿Y el momento que da más terror? En rigor, no se da en los hospitales chilenos, pero sí en las clínicas privadas: el momento en que te entregan la cuenta. Horror real. RESEÑAS DE ALGUNOS FILMES DE CULTO Session 9 (2001) Bienvenido al manicomio abandonado. En esta cinta, dirigida por Brad Anderson, un equipo de limpieza entra a desinfectar un viejo hospital psiquiátrico alejado de la mano de Dios. Por supuesto, nada podría salir mal, ¿o no? Pues bien, esta joyita avanza de a poco y te pone incómodo de principio a fin… es como una colonoscopía, pero en tu sillón y con un bowl de cabritas. En el hospital hay ecos, voces y fichas clínicas que, sin anestesia de por medio, vuelven locos a los protagonistas. Lo bueno es que la cinta nos deja una enseñanza: si tu trabajo es limpiar hospitales abandonados en los que hasta el moho tiene moho… mejor presenta tu renuncia y dedícate a otra cosa. Grave Encounters (2011) Hay gente que es fanática de los reality shows. En el equipo de Comunicaciones, sin ir más lejos, hay uno que no se pierde capítulo de Mundos Opuestos y sueña con que lo llamen para integrarse al Internado. Pues bien, en esta cinta un equipo de televisión decide que es una tremenda idea pasar la noche (adivinen) en un hospital psiquiátrico abandonado. Todo por el rating, la fama y ser una estrella de Facebook. Dirigida por los Vicious Brothers, la película utiliza el formato del falso documental y tuvo bastante éxito al punto que tuvo una secuela unos años después. Lo que queda claro tras ver la cinta es que los fantasmas no tienen redes sociales… cero respeto por los influencers. The Kingdom (1994) Antes de ganar fama internacional con películas como Dogma, Rompiendo las Olas o Bailando en la Oscuridad, el director de cine sueco Lars von Trier ganó prestigió entre los amantes del terror por esta película que, a lo largo de cinco horas, resumió su serie de televisión Riget, ambientada en un hospital que era un verdadero portal al infierno, conjugando el horror con humor, bebés mutantes, médicos racistas, ancianos que ven espectros en los pasillos y un microcosmos de lo que sería un hospital público con un presupuesto postapocalíptico… ¡y todo antes de la pandemia! La serie tuvo tanto éxito que el propio Von Trier dirigió una tercera temporada -y final- hace sólo unos años. Halloween II (1981) Y como estamos a las puertas de esta fecha tan especial, qué mejor que terminar este breve recetario de películas inyectadas a la vena que la secuela de esta serie de culto, que volvió a tener como protagonista a Jamie Lee Curtis en el rol de Laurie Strode, la víctima favorita del psicópata Michael Myers. Todo comienza donde quedó la primera entrega, con una Laurie que es llevada al hospital. Su acosador no tarda en pasar a hacerle una visita, sin pasar por la OIRS y matando a cuanto médico o enfermera le saliera al paso. Lo más llamativo es que pese, a su icónica máscara, nadie le daba boleto a Myers… parece que también estaban colapsados en el Haddonfield Memorial. BONUS TRACK: MANUAL DE SUPERVIVENCIAPara no quedar sólo en la columna, entregaré algunos consejos importantes en el caso de que te toque pasar una noche de Halloween en un hospital (ya seas paciente, visitante o funcionario) para que no seas parte de la próxima película de terror de culto: – Evita entrar en esa sala que está cerrada por remodelación desde que tienes memoria porque adentro lo único que remodelarán será tu cabeza si es que entras. – Si se te cruza en un pasillo un niño que te dice “ven, te quiero mostrar algo”, date la vuelta y camina a paso veloz sin mirar atrás. – Si escuchas una campana sonar sola… corre… o reza… o hace ambas cosas. – Y si ves una enfermera flotando por un pasillo, no es un disfraz ni es cosplay… ¡¡¡sólo arranca!!!

Todos somos agentes de innovación

Todos somos agentes de innovación Innovar es hacer las cosas distintas, diferentes a lo que acostumbramos. No necesariamente son cambios tecnológicos, sino más bien es agregar un valor distinto a lo que conocemos. Cambios pequeños, pero sustanciales son los que nos permiten avanzar hacia una mejora continua, desde cualquier vereda en la cual nos encontremos. En este sentido, todos somos agentes innovadores. El llamado es a cuestionarnos nuestra normalidad, nuestra cotidianidad e imaginar cuáles serían las mejoras que podemos realizar para que nuestro entorno sea mejor: mejorar el sistema de reciclaje en nuestra oficina, crear un dispositivo en una impresora 3D para la rehabilitación de un paciente o simplemente gestionar de mejor manera el calendario de cumpleaños de la unidad. Todo es innovación, y el llamado es a hacerlo. Junto con el Comité de Innovación e Investigación del Hospital Metropolitano queremos crear una cultura de innovación, que sea un sello distintivo dentro del hospital. La idea es generar un ecosistema de innovación e investigación, donde todas las ideas son bienvenidas, que impacten a nivel local y por qué no, a nivel de red de salud. ¡Todas y todos somos agentes de innovación! ¡Bienvenidos a innovar!

“The Pitt”: entre bisturíes, sarcasmo y salud pública

“The Pitt”: entre bisturíes, sarcasmo y salud pública MÁS COLUMNAS DE JORGE MALTRAIN Debo confesar algo: tengo una debilidad crónica por las series médicas. No por vocación frustrada ni por el fetiche de las batas blancas (aunque, seamos honestos, George Clooney dejó huella en la fantástica ER), sino porque no hay nada más emocionante que ver cómo alguien revive después de 47 minutos en paro cardíaco… y justo antes que corran los créditos. Y en ese mundo de hospitales televisivos, mi corazón siempre ha latido al ritmo del sarcasmo de Gregory House. Nada me ha divertido más que verlo diagnosticar sífilis, lupus, un hongo del Amazonas y una mentira, todo en el mismo capítulo. House era el único capaz de tratar a sus pacientes como si fueran una junta de vecinos desagradable… e incluso así salvarles la vida. Genio y figura. O misántropo funcional. O las dos cosas. Antes de House, eso sí, todos los que amamos las series médicas nos formamos en las urgencias de ER. La madre fundadora del caos bien iluminado. Con esa serie entendimos que los hospitales eran campos de batalla emocionales, donde la adrenalina y el trauma se mezclaban con el café de máquina y los amores imposibles. Sin ER, no existiría ni Dr. House, ni New Amsterdam, ni esa joya oculta que es Code Black, donde todo explotaba menos el profesionalismo de Marcia Gay Harden. Y entonces llegó The Pitt. Sin tanto bombo, con su estética un poco gris, su ritmo sucio, rápido, público. Y con un extraordinario Noah Wyle a la cabeza. Quien fuera el querido doctor Carter en ER, asume en esta secuela espiritual el papel del atormentado doctor Michael Robinavitch, en un rol que le hizo ya ganador del Emmy (al igual que la serie, que asoma también como favorita para los Globos de Oro). The Pitt no se disfraza de serie médica de catálogo. Aquí no hay neurocirujanos con abdominales ni diagnósticos milagrosos con tomografías en cámara lenta. Aquí hay salud pública. Gringa, pero salud pública al fin y al cabo, con todo lo que eso implica: turnos eternos, camillas escasas, pacientes que esperan (y desesperan), y funcionarios que sobreviven a punta de vocación y café recalentado. The Pitt tiene algo que otras series no se atreven a mostrar: humanidad cruda. El agotamiento, el desorden, las microviolencias institucionales. Pero también el humor, esa forma de defensa pasivo-agresiva que usan quienes trabajan en contextos imposibles. Tiene ironía, tiene rabia, tiene ternura. Tiene a ese funcionario que lo ha visto todo y que, aun así, sigue llegando puntual. Épica en estado puro, con o sin música dramática de fondo. A veces siento que The Pitt es lo que pasaría si mezclamos a House con Code Black, les quitamos el aire acondicionado y les ponemos un sistema informático que se cae cada cinco minutos. Y, sin embargo, funciona. Porque emociona. Porque duele. Porque, a ratos, da más esperanza que cualquier final feliz hollywoodense. Y porque, si me lo preguntan, eso también es salud.